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Repliegue parcial hacia Marambio
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A las ocho y media de la mañana arribó al refugio el primer grupo de turistas del Polar Star, el barco que anoche había fondeado a 1.000 m de la costa. Mientras Ageitos y Capdevila los atendían, en la radio se escuchó la primera esperanza: “La meteo está mejor que ayer, acá están preparando los scubas [helicópteros] que en media hora despegan hacia el campamento de glaciología, en la isla Vega”. Era la voz de Marco Ríos, desde el tambucho de Marambio. “Si por algún inconveniente no pueden llegar, el plan “B” es pasar a buscar a los de Correlación, en la isla Ross”, continuó. “Y si esto falla –finalizó– el plan “C” es ir a Cerro Nevado”. Había llegado una potencial oportunidad. Capdevila, al frente de la comunicación, replicó con un QSL [comprendido] y enseguida nos dijo: “Muchachos, preparen todo y llévenlo a la playa”. La modulación de los dos helicópteros reverberaba en las paredes del refugio de Nordenskjöld: “Scuba uno a tambucho, cambio… Imposible bajar en Vega, no vemos la playa, la nevizca es muy fuerte, continuamos hacia Ross…”. “Ok, scuba uno, copiado”, respondió Ríos. Mientras con Juan Fernández guardábamos la bolsa de dormir, los equipos, la ropa y todos efectos que estaban dando vuelta, el Scuba uno volvió a modular: “Tambucho, vamos con el plan “C”, imposible aterrizar, no hay visibilidad, estaremos en Cerro Nevado en 10 minutos”. Apenas alcanzamos a bajar los bolsos a la costa cuando escuchamos las aspas de los motores vibrar a lo lejos, dentro de alguna nube que los envolvía.

Un grupo de 50 turistas europeos descendió del barco Polar Star (al fondo de la imagen) y llegó al refugio a primera hora de la mañana.

Chuchú y Chuky ayudándonos a bajar el equipaje a la playa. Del refugio a la costa hay unos 150 m.
Todo fue muy rápido. Cargamos nuestros equipos, subimos y nos despedimos de los muchachos con un: “Nos vemos en una hora”. Era el tiempo que iban a demorar los dos helicópteros en llevar nuestra carga y regresar por ellos. Todos no entrábamos en un mismo vuelo y, además, aún restaba desarmar la carpa baño, embalar el grupo electrógeno, la radio y bajar la antena. Era poco y casi todo esperaba sobre la costa.

En general, cuando los helicópteros vuelan en la Antártida se mueven de a dos unidades a la vez. Para abordar la nave siempre hay que pasar por delante de la cabina, haciéndole señas al piloto y esperando su permiso para avanzar.

Como teníamos demasiada carga (propia y de nuestros compañeros), los siete que habitábamos el refugio no entrábamos en un mismo vuelo.

Alejandro Crivero nos despide pensando si realmente los helicópteros volverán en una hora. El conoce muy bien el clima antártico y sabe que cambia vertiginosamente. En general, no hay segundas oportunidades. No, al menos, en el corto plazo.
Los dos scubas en 15 minutos habían aterrizado. A diferencia del día que llegamos, en esta ocasión iban casi a ras del agua. Sucede que la base Marambio se ubica en una meseta a 195 m sobre el nivel del mar. Casi toda la isla es baja, pero donde se levanta la estación de la Fuerza Aérea Argentina la tierra se eleva. El tramo mide cerca de 2.000 m de longitud, al punto tal que si los aviones Hércules, cuando aterrizan, no frenan a tiempo, caen por el borde de la meseta. Y el tema de ir pegado al agua tiene que ver con la visibilidad: volando bajo los helicópteros se ponen a la par de la meseta y cuando ven los galpones naranja se elevan y aterrizan. Si, en cambio, vuelan alto, las nubes bajas le cortan la visibilidad y estimar el lugar de aterrizaje es mucho más riesgoso.

Vista de la meseta y la base Marambio desde la ventanilla del helicóptero.

El vuelo de los scubas fue casi rasante al mar de Weddell, que por esta fecha empieza a mostrar los primeros indicios de congelamiento.

El segundo helicóptero con equipos de Cerro Nevado aterriza en Marambio a las órdenes del señalero.
Lo más crítico de nuestra llegada fue que las aeronaves aterrizaron y les informaron que se suspendían los vuelos. Las condiciones meteorológicas habían cambiado súbitamente, la velocidad del viento se había incrementado y en Cerro Nevado, valga la redundancia, una vez más estaba empezando a caer nevizca. Nuestros cuatro compañeros quedaban aislados hasta nuevo aviso, con el duro golpe psicológico que ello implica. Ya tenían todo embalado y en la playa a la espera de que el helicóptero regresara, era una cuestión de que la meteorología se mantuviera sólo ¡30 minutos más! Cuando hablamos con ellos por la radio se los notaba bien, pero la voz dejaba traslucir cierto dejo de desilusión. Para peor, en el tambucho nos explicaron que el pronóstico meteorológico de mañana es peor que el de hoy, que hace un rato marcaba –39 ºC de sensación térmica. Realmente tuvimos suerte de haber llegado a Marambio, una base que este mes cuenta con una dotación cercana a las 150 personas, y con espacios inhabilitados por estar en plena etapa de refacciones. Por lo pronto, nos alojaron en la morgue que está siendo reconvertida a gimnasio. Hace frío, pero al menos ya estamos a metros de la pista de la que, cuando el clima mejore, despegará el Hércules con destino a Río Gallegos.

Los helicópteros ya están guardados en el hangar. Ahora es el turno de entrar el Twin Otter. Todo indica que por hoy no habrá más vuelos de repliegue de campamentos.
Comentarios
1 Comentario hasta el momento
Hola amigos de la antartida les escribo desde villa carlos paz muy buena la pagina web sinceramente me imagino lo que debe ser vivir en un lugar tan austral espero algun dia poder visitarlos, un abrazo desde el centro de nuestro basto y hermoso pais
Diego