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Cómo es la rutina en el refugio
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Tal como le ocurría a Nordenskjöld, la vida dentro de la cabaña se torna monótona si no le matiza con salidas al terreno, lo que se dificulta por las condiciones climáticas. Un día cualquiera comienza cuando Antonio Chiqui Pereira baja de la bohardilla, alrededor de las siete de la mañana. Enciende el calentador, templa la pava, toma unos mates y por los ruidos despierta al Dr. Capdevila (la casa es tan chica y las paredes internas tan delgadas que todo se oye). Chiqui, en realidad, se despertó a las cinco para escuchar en su radio multibanda las modulaciones del tambucho, oficina de la base Marambio encargada de la coordinación de los repliegues y los requerimientos de los campamentos geológicos y glaciológicos levantados en diferentes islas. Mientras ambos matean en el comedor (sala de uso común) entra en escena José María Pepe Ageitos, que se suma a la ronda de mate acompañada por galletitas dulces, de agua y budines. A veces minutos antes, otras minutos después, también aparece Alejandro Chuchú Crivero, encargado de la logística de los víveres. Entre los cuatro, mate o café con leche de por medio, planifican las tareas y comidas del día. Si la fecha corresponde, antes de sentarse a la mesa el espejo redondo colgado en la cocina los ve afeitarse.

Chiqui es el primero que sale a hacer un reconocimiento del terreno. A las siete de la mañana los herrajes internos de la puerta amanecen congelados. Afuera, a esa hora, la temperatura rara vez supera los -10 ºC.
Ya son casi las nueve: ahí entramos en acción con Juan Fernández. En la radio HF instalada en el camarote de Nordenskjöld –utilizado por Capdevila– ya se escuchó la proyección de las operaciones del tambucho y ahora suena en el parlante Radio 10, retransmitida desde Buenos Aires por el Ejército Argentino. En la sala nos cruzamos con Alejandro Chuky Gómez que en esos momentos también baja del altillo que comparte con Chiqui. Es momento de contarse los sueños, de hablar del clima, de compartir mates y de comentar las noticias de Buenos Aires. “Cuidado de no resbalar cuando salen que el piso está congelado” es una frase casi habitual de Chiqui, quien estuvo afuera bien temprano chequeando cómo estaba todo (antenas, cajones, herramientas, etc.).

Chiqui y Chuky duermen en el altillo del refugio. La temperatura del ambiente es mucho menor que en la planta baja.
Finalizado el desayuno, alrededor de las 10 comienzan a cobrar forma las tareas del día. Chuchú interroga acerca de los víveres a traer del depósito para preparar el almuerzo del que se encargará Pepe. Chiqui controla el nivel de combustible de faroles, calentadores y generador, y repone lo necesario. También colabora en la elaboración del menú: según el plato del día, amasa tapas para empanadas, corta carne para milanesas o cuece salsa… Chuky es el responsable de la parte tecnológica: verifica el estado de carga de la batería 12 volts que le provee energía a la radio HF y al equipo de CD en el que ya se encuentra sonando un tango. También enciende el grupo electrógeno, chequea el conversor de corriente 12/220 volts y nos pide todos los equipos que tengamos para cargar: laptop, teléfono satelital y cámaras fotográficas. Ricardo Capdevila es el encargado de verificar las restauraciones efectuadas en el museo y de priorizar los futuros arreglos. También vuelca sus apuntes en un anotador y controla que todo se desenvuelva dentro de los parámetros normales; hace más de 20 años que viene todas las campañas, por lo que conoce al detalle cómo debe funcionar cada engranaje. En cuanto a Juan, ya salió a recorrer el terreno para hacer fotos y pruebas de supervivencia; cuando podemos, juntos intentamos subir alguna montaña o experimentar alguna de las técnicas que en el Comando Antártico nos explicaron para combatir el clima hostil.

Chiqui, además de trabajar en el mantenimiento del refugio, colabora en la cocina.

Chuchú está a cargo de los víveres, que vienen almacenados en estos cajones. A principios de enero llegaron 25 unidades a Cerro Nevado.
Así, lentamente llega el mediodía y, con él, la picada a cargo de Chuchú y la característica pregunta de Capdevila: “¿Cuándo viene la comida?” Todos nos juntamos entonces alrededor de la mesa, Pepe trae los platos servidos de la cocina y llegan los inevitables comentarios acerca del clima, que se matizan con anécdotas de la vida personal. De un momento a otro en la mesa quedamos seis: Chiqui desapareció en el desván, la siesta es sagrada. Luego de levantada la mesa y lavados los platos con una pava de agua caliente en una palangana, también desaparecen Pepe, Chuchú y Capdevila. La sala de uso común queda desolada, sólo con Chuky, el único que no duerme siesta porque a la noche no puede agarrar sueño. El invierte el tiempo en leer y releer cartas llegadas del continente, mira una revista y enseguida se busca una ocupación: sale a traer agua, a buscar amonites para incrementar la colección del museo o a caminar. Necesita ocupar el tiempo, hace 16 meses que está en la Antártida sin ver a sus hijos ni amigos. Chuchú a veces tampoco duerme: prefiere investigar los alrededores o contabilizar los víveres, depende del clima, el cansancio y el ánimo.

La siesta es sagrada. Detrás de Chiqui parten Pepe y Chuchú.
La hora del regreso es la del mate, todos ya están levantados y se reúnen alrededor del termo y las galletitas. Hay quienes prefieren té con leche condensada. En el equipo de música se puede optar por boleros, “Charly” García, Maná o más tango. Los cd’s y cassettes quedan de año a año y algunos ya cumplieron más de 10. Es lo que hay y viene muy bien para mejorar el espíritu. Al menos la tecnología permite más variedad de melodías que el gramófono que utilizó Sobral.

Puede ser un cd, un cassette o el mp3. Lo cierto es que, como en 1902, la música levanta el espíritu y predispone de mejor manera.
De a uno todos vuelven a desaparecer. Que las reparaciones, los víveres, los calentadores, la antena… Siempre hay una tarea pendiente, y si no se crea la necesidad. Lo peor que se puede hacer en la Antártida en no hacer nada y volar con el pensamiento hacia el continente. El paisaje siempre es el mismo: gris, blanco y algunos manchones marrones cuando no hay nieve. Colores no existen más que los de la ropa… No hay qué mirar más que agua, islas, montañas y nubes. Muchas nubes que van y vienen todo el día dependiendo de cómo el viento decida jugar con ellas. Es raro que el cielo esté despejado y la temperatura supere los 0 ºC, al menos este año que vinimos nosotros. Juan, mientras tanto, camina y hace fotos. Yo, en general, tomo nota de las conversaciones con Capdevila, escribo algunos apuntes y actualizo el blog.

Los faroles, debido al uso intensivo, requieren atención constante: se quedan sin combustible, se tapan o se les quema la camisa.
Ya son las ocho. Aún es de día, pero todo el mundo está adentro. Pepe otra vez en la cocina, y el folclore del mediodía vuelve a repetirse… la mesa, los comentarios. El horario más esperado es el de las 10, porque los campamentos se comunican con el tambucho para pasar las novedades y, como todos transmitimos en la misma frecuencia, vamos sabiendo qué pasa en las otras islas, su clima y necesidades. El Correntino Marco Ríos, a cargo del tambucho de Marambio, toma nota de los requerimientos, organiza cómo van a ser los repliegues del otro día y pasa el parte meteorológico. Su ayudante, Rubén Martinini, colabora con él todos los días y, por la noche, finalizada la ronda de radio, dedica tangos y milongas que el mismo canta y toca en la guitarra para deleite de todos los oyentes. Es una de las formas de distracción que ofrece la Antártida.

Durante la cena se repite el mismo folclore del mediodía: todos nos reunimos alrededor de la mesa para compartir no sólo la comida, sino también comentarios y chistes.
La sobremesa es corta, pero después de que algunos se van a dormir se arma otra vez con café, té, whisky y juegos de naipes. En Cerro Nevado esta temporada está de moda el chorizo, algo similar a una escoba de 15 modificada, cuyo resultado se suma día a día hasta que llega el repliegue, esa noche se define el ganador. Con Juan nos vamos a nuestro camarote, la primera puerta a la derecha entrando a la casa, justo frente a la cocina. Encendemos el farol, él lee en la cucheta de arriba, yo escribo en la de abajo. En la habitación contigua se escuchan ronquidos y, en la sala, diálogos y risas. Es la una de la madrugada, el viento silba en las rendijas y golpetea la puerta. Por la ventana de vidrio doble sólo se ve oscuridad total, la noche es bien negra. Mañana será otro día, seguramente amanecerá con niebla y Dios decidirá acerca de nuestro repliegue hacia Marambio.

Después de la sobremesa llega el turno del chorizo, un campeonato de juego de naipes similar a la escoba de 15.

Anoche, alrededor de la una, apareció una luz oculta entre los témpanos del horizonte. Se trataba de un barco turístico que más tarde fondeó a unos 1.000 m del refugio.

Esta mañana, como todas, amaneció con niebla. El doble vidrio de la ventana se congeló de la cara interna del colchón de aire. Del tambucho comentan que van a replegar los campamentos de las islas Ross y Vega. Si los helicópteros no pueden llegar por la nevizca, y la meteorología lo permite, habría una posibilidad de que vengan por nosotros. El clima decide, es cuestión de paciencia.
Comentarios
4 Comentarios hasta el momento
Los felicito y envidio sanamente, espero formar parte dentro de unos años de las campañas antarticas y pasar alli un año. Saludos a todos sigan aguantando que el clima va a cambiar, y sino en un par de años los iran a buscar calculo jeje. suerte y ¡ viva la patria carajo!! que si esto no es patria, ¿que es patria?
Compañeros
Me sorprende ver mas gente jugando al Chorizo, les mandamos un abrazo desde Uruguay.
Me alegro de todavía encontrar gente que cumple con deberes más allá de ciertos códigos que lamentablemente en nuestro país ya se dejaron de usar. Soy Argentino y de Pigüe, un pueblo que amo y que está en la Prov. de Bs. As.
Les escribo porque me gustaría poner en nuestra revista, que es una cosa engendrada por mí familia y que hablamos mucho de nuestras costumbres, nuestra historia, nuestras raíces y una forma de vida allá por los años 50. Tengo 64 años años recién cumpliditos y ya que soy un pendejo todavía, me da mucho gusto poder comunicarme con ustedes. Si tienen ganas cuentenme como viven, que es hacer patria tan lejos de la familia, como se entretienen. Bueno lo que quieran escribir si ustedes quieren como dije lo voy a publicar, Es una Revista que sacamos en la zona sur del cono urbano.
Estoy muy contento de comunicarme y los felicito. Todavía quedan HOMBRES QUE ENORGULLECEN A LA PATRIA.
AHHHHH: Pihue, es nombre Mapuche que significaría algo así como lugar de encuentro
otimo trabalho esses de vcs ai na antartida sou do brasil tenho 20 anos espero um dia fazer um trabalho maravilhoso desse ai na antartida o mais rapido possivem espero muita coisa boa e interessante tem pra se viver ai. Belo trabalho