Feb
27
Primera caminata por Cerro Nevado
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La meteorología se mantuvo adversa todo el día de ayer, pero alrededor de las tres de la tarde entre las espesas nubes asomaron unos rayos de sol que los aprovechamos para subir hasta un punto panorámico a 700 m del refugio. Quisimos seguir hasta en Mirador de los Suecos, pero los acarreos de piedra estaban flojos y la tierra húmeda hacía que resbaláramos con facilidad en las pendientes. Tuvimos que conformarnos con lo que la naturaleza nos ofrecía. El anemómetro registró 67 km/h de velocidad del viento en el waypoint que marcamos en los S 64º 21,892’ y W 056º 59,167’, punto de regreso de nuestra travesías. Entre ida y vuelta demoramos casi tres horas. De pasada visitamos la carpa que mantuvimos armada desde el primer día para ver cómo se comportaba frente a los vientos. La Montagne Apollo II no se había inmutado.

La pendiente hacia el punto panorámico tiene una inclinación próxima a los 45º. Los acarreos, el fuerte viento, la nieve y la tierra húmeda tornan dificultoso el ascenso, y es sencillo resbalarse.

Desde arriba, la imagen del refugio no necesita adjetivos: habla por sí sola.
La caminata también nos vino bien para poner a prueba la indumentaria: vestimos calzado Asolo impermeable con suela de tres densidades, pantalones Ansilta con Gore-Tex, remera térmica, buzo de polar Montagne y campera Ansilta de duvé; guantes, pasamontañas y antiparras. Arriba el anemómetro marcó –19 ºC de sensación térmica y no sentimos frío. Cuando nos sacábamos los guantes para hacer alguna foto, en un minuto y medio el dolor característico que anuncia el principio de congelamiento se hacía sentir. En cuanto a los pies, para caminar por la nieve resultó indispensable el uso de polainas, por que en ocasiones nos enterramos hasta la rodilla. Y en todo el tramo los bastones de trekking con anti-shock fueron de suma utilidad: a la factibilidad de resbalarse se le sumaba la fuerza del viento que empujaba cuesta abajo.

Buen calzado, indumentaria abrigada, bastones de trekking, polainas, antiparras y pasamontañas son indispensables para soportar el frío, la nieve y los fuertes vientos.

De regreso pasamos a chequear la carpa y realizamos una caminata por la playa. Los témpanos describen las caprichosas formas que les confiere el paso del tiempo: los más azulados se estima que tienen entre 18.000 y 20.000 años.

En la misma playa también divisamos una foca de Weddell, característica por su pelaje gris con manchas oscuras. En esta zona hay tres especies de focas: las otras dos son la cangrejera y la de Ross.
Un monumento en peligro: La cabaña sueca de Cerro Nevado está montada sobre una pequeña meseta de 13 msnm que afecta la forma de un bote invertido. La plataforma mide 50 m de largo por 7 u 8 de ancho en el lugar en que se asienta la cabaña de madera. Este refugio ha sido vuelto a su estado original en el marco del programa MuseoAntar de restauración de sitios históricos del Instituto Antártico Argentino. Pero el fruto de más de 20 años de labores para volver la construcción a su estado original se encuentra en riesgo de desaparición: la meseta que la sustenta se degrada año a año por el aumento de la temperatura, ya que el perma-frost, la tierra congelada que le da estructura a la meseta, se reduce por el fenómeno de la meteorología. Se realizan trabajos de contención con pircas y palets encadenados, los que requieren una labor permanente en las campañas antárticas de verano, hasta ahora, con éxito.
Texto: Ricardo Capdevila, curador del Museo Antártico Argentino (y compañero de refugio durante nuestra estadía).

La meseta, de 13 m de altura, año a año debe contenerse con pircas y palets encadenados para evitar que se desmorone por efectos del cambio climático.
Hoy estamos aislados, como lo estamos desde que llegamos al refugio. Si no hubiera sido por la “ventana meteorológica” del jueves aún estaríamos en Marambio o en Río Gallegos. Pero el clima cambió seis horas, lo suficiente para llegar. Y ahora es Cerro Nevado quien nos alberga hasta que la tormenta calme. Por cuestiones de seguridad, los helicópteros de Marambio no operan con vientos superiores a los 36 km/h, y al momento de actualizar este blog están soplando ráfagas de 60 km/h (sensación térmica: -19 ºC), sin pronóstico de mejora. Víveres hay, y buena predisposición y humor también, aun entre quienes nos acompañan y hace más de 15 meses que están en la Antártida sin ver a sus familiares e hijos.

El viento próximo a los 60 km/h impulsa con intensidad la nieve caída durante la noche (y la que continúa cayendo), reduciendo la visibilidad. Hoy es imposible salir del refugio. De las seis jornadas que llevamos es la peor.
Comentarios
1 Comentario hasta el momento
Guau… Todo debe ser sorprendente, pero 15 meses es mucho..