Feb
28
Seguimos aislados…
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Ayer tuvimos el peor clima de toda nuestra estadía y la actividad estuvo completamente restringida al interior del refugio. Las salidas fueron sólo a la carpa baño cuando urgía la necesidad. Desde Marambio el parte meteorológico había anunciado que de media mañana y hasta entrada la tarde mejoraría, pero por como vino el día parece que fue sólo una aspiración de deseo. El tema es que a partir de ayer comenzaban los repliegues de los siete campamentos distribuidos en las islas Ross (3), Vega (1), Marambio (2 en la playa). Y también del nuestro, en Cerro Nevado, listado al final de la nómina por ser el más próximo a la base aérea. Por el atraso habrá que ver ahora si el vuelo en Hércules previsto para el domingo 4 de marzo despegará a tiempo. También, cuándo mejorará el clima y organizarse a partir de ahí.

Pasatiempos: Alejandro Gómez leyendo uno de los libros de Nordenskjöld, para matizar la ventosa jornada que ayer nos recluyó al interior del refugio.

Barrido a la nieve: el continuo entrar y salir del refugio junta mucha tierra en el piso, en general del barro que se seca y desintegra. La manera de barrerla sin levantar polvo es echando una palada de nieve para que al pasar la escoba se le pegue y no levante vuelo.
Según Alejandro Crivero –compañero del refugio–, desde que el grupo arribó a Cerro Nevado, el 12 de enero de este año, sólo tuvieron 10 días agradables para realizar tareas de mantenimiento en el exterior del museo. El resto fue ventoso, con nieve y mucho frío, por lo que se vieron obligados a dedicarse a las tareas del interior de la construcción. “Nada que ver con los días del año pasado en que por esta época llegamos a tener 8 ºC sobre cero”, manifiesta. Sin duda, parece repetirse el ciclo climático de la época en que Nordenskjöld se instaló por estos lados, y que él relata en su libro Viaje al Polo Sur de esta manera: “La diferencia de la temperatura media entre los dos años que pasamos en aquellas regiones fue durante aquella época extremadamente grande: 12 ºC bajo cero [en 1903] en vez de 28 bajo cero [en 1902], y el 5 de agosto tuvimos una temperatura de 9,3 ºC sobre cero, temperatura la más elevada que ha sido observada en el territorio polar del sur, no sólo por nosotros, sino por todos los demás exploradores.”
Por su parte Sobral relató en su libro Dos años entre los hielos 1902-1903: “Concluyó el mes de febrero y con él el verano más frío que se haya observado sobre la tierra; su media es de 2 ºC bajo cero, en todo el año no hemos tenido un mes cuya temperatura media fuera sobre cero; no hemos tenido un día sin que el termómetro marcara temperaturas bajo el punto de fusión del hielo. En este último mes empiezan los vientos fuertes y los fríos, y para nosotros concluye toda esperanza de volver al norte…”

Fabricando agua: por el mal tiempo fue imposible alejarse a los chorrillos para recoger agua. Para lo cocina se utilizó la que estaba reservada en una cacerola en el exterior, que previamente debimos descongelar.
Historia de una restauración: En el año 1979, con motivo de las recomendaciones de las Reuniones Consultivas del Tratado Antártico para conservación del patrimonio histórico, la República Argentina asumió el compromiso de restaurar las construcciones de la expedición sueca del Dr. Otto Nordenskjöld (1902-1903), en la que nuestro país tuvo activa participación con la presencia del alférez José María Sobral y el rescate protagonizado por la corbeta Uruguay a raíz del hundimiento del buque expedicionario Antarctic.
Con los licenciados Santiago M. Comerci y Néstor E. Iribarren formulamos el programa MuseoAntar, al que dio comienzo el primero de los nombrados en la isla Cerro Nevado en la campaña de verano 1979-1980. En aquel entonces la cabaña de Cerro Nevado que usaron los invernantes en los años 1902-1903 estaba parcialmente destruida por la acción mecánica del hielo acumulado en su interior, y la parte exterior deteriorada por los fuertes vientos que destruyeron las coberturas exteriores. La primera tarea fue eliminar el hielo interior que había invadido la construcción y que alcanzaba 1,80 m en los camarotes del lado sur. Cumplida esta etapa –que permitió recuperar los objetos abandonados insertos en el hielo– se procedió a sustituir los vientos exteriores originales de cáñamo por un cableado de acero enganchado interiormente, que permitía mantener firme toda la estructura de madera, hasta entonces sostenida por el hielo exterior, habida cuenta de que en la zona los vientos solían superar los 200 km/h (en febrero de 1986 llegaron a 260). Luego, año a año, comenzó la restauración interior: los mamparos, las cuchetas de los camarotes totalmente destruidas, los escritorios o mesas de trabajo, la cocina Husqvarna Nº 6 totalmente fracturada, la salamandra, las chimeneas, las estanterías, etc. En la parte externa se colocaron los paños de ruberoid destruidos por el viento, a los que se les aplicó pintura asfáltica. Las ocho ventanas fueron tapiadas en principio por tablones de madera hasta que, con los materiales originales y algunos de reemplazo, se restauraron a su estado original. El WC, situado al pie de la meseta en que se encuentra la cabaña, fue reconstruido para restaurar el paisaje original, ya que se carece de documentación fotográfica del original. Todo el conjunto fue llevado a su estado original del año 1904. Con la presencia de la embajadora de Suecia y autoridades nacionales, en enero de 2004 fue inaugurado como Museo Nordenskjöld, con exposición de los materiales y utensillos usados por los expedicionarios.
Texto: Ricardo Capdevila, curador del Museo Antártico Argentino, desde el refugio de Cerro Nevado.

Cuando la meteorología es mala y no se pueden efectuar tareas de restauración en el exterior, el tiempo se aprovecha para el mantenimiento de los objetos internos.

A las siete de la tarde el viento disminuyó en intensidad, pero la temperatura descendió hasta los –12 ºC. El cielo nublado se mimetizaba con el agua del canal Bouchard que ya empieza a congelarse. Por la frecuencia de Marambio anunciaron que de mejorar el clima hoy replegarían a uno de los campamentos de la isla Ross. Al fondo de la foto, la isla Cockburn.
Hoy amaneció sin viento y los primeros helicópteros despegaron de Marambio para ir en busca de los campamentos más alejados, porque en cualquier momento vuelve a nevar (el cielo está completamente gris). Nuestro turno todavía no llegó. La mañana la aprovechamos para transmitir unas fotos y una nota para la revista Noticias, que saldrán publicados en la edición del sábado 3 de marzo. También nos avisaron de Marambio que vendrán cuatro documentalistas franceses a efectuar una filmación del refugio, pero una vez más el clima decidirá. Por lo pronto, en la cocina “Pepe” y “Chiqui” están preparando polenta y en la mesa ya hay ruido a corte de picada sobre una tabla de madera.

Marcelo Ferro, anoche, escribiendo en un camarote del refugio el texto para la revista Noticias que saldrá a la venta el próximo sábado.

También anoche, alrededor de las 10, dos de los tres ingleses que estaban acampando cerca del refugio pasaron a despedirse. A la izquierda, Jane Francis, geóloga de la University of Leeds. Sobre la derecha, Bruce Maltman, ayudante de campo.
Feb
27
Primera caminata por Cerro Nevado
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La meteorología se mantuvo adversa todo el día de ayer, pero alrededor de las tres de la tarde entre las espesas nubes asomaron unos rayos de sol que los aprovechamos para subir hasta un punto panorámico a 700 m del refugio. Quisimos seguir hasta en Mirador de los Suecos, pero los acarreos de piedra estaban flojos y la tierra húmeda hacía que resbaláramos con facilidad en las pendientes. Tuvimos que conformarnos con lo que la naturaleza nos ofrecía. El anemómetro registró 67 km/h de velocidad del viento en el waypoint que marcamos en los S 64º 21,892’ y W 056º 59,167’, punto de regreso de nuestra travesías. Entre ida y vuelta demoramos casi tres horas. De pasada visitamos la carpa que mantuvimos armada desde el primer día para ver cómo se comportaba frente a los vientos. La Montagne Apollo II no se había inmutado.

La pendiente hacia el punto panorámico tiene una inclinación próxima a los 45º. Los acarreos, el fuerte viento, la nieve y la tierra húmeda tornan dificultoso el ascenso, y es sencillo resbalarse.

Desde arriba, la imagen del refugio no necesita adjetivos: habla por sí sola.
La caminata también nos vino bien para poner a prueba la indumentaria: vestimos calzado Asolo impermeable con suela de tres densidades, pantalones Ansilta con Gore-Tex, remera térmica, buzo de polar Montagne y campera Ansilta de duvé; guantes, pasamontañas y antiparras. Arriba el anemómetro marcó –19 ºC de sensación térmica y no sentimos frío. Cuando nos sacábamos los guantes para hacer alguna foto, en un minuto y medio el dolor característico que anuncia el principio de congelamiento se hacía sentir. En cuanto a los pies, para caminar por la nieve resultó indispensable el uso de polainas, por que en ocasiones nos enterramos hasta la rodilla. Y en todo el tramo los bastones de trekking con anti-shock fueron de suma utilidad: a la factibilidad de resbalarse se le sumaba la fuerza del viento que empujaba cuesta abajo.

Buen calzado, indumentaria abrigada, bastones de trekking, polainas, antiparras y pasamontañas son indispensables para soportar el frío, la nieve y los fuertes vientos.

De regreso pasamos a chequear la carpa y realizamos una caminata por la playa. Los témpanos describen las caprichosas formas que les confiere el paso del tiempo: los más azulados se estima que tienen entre 18.000 y 20.000 años.

En la misma playa también divisamos una foca de Weddell, característica por su pelaje gris con manchas oscuras. En esta zona hay tres especies de focas: las otras dos son la cangrejera y la de Ross.
Un monumento en peligro: La cabaña sueca de Cerro Nevado está montada sobre una pequeña meseta de 13 msnm que afecta la forma de un bote invertido. La plataforma mide 50 m de largo por 7 u 8 de ancho en el lugar en que se asienta la cabaña de madera. Este refugio ha sido vuelto a su estado original en el marco del programa MuseoAntar de restauración de sitios históricos del Instituto Antártico Argentino. Pero el fruto de más de 20 años de labores para volver la construcción a su estado original se encuentra en riesgo de desaparición: la meseta que la sustenta se degrada año a año por el aumento de la temperatura, ya que el perma-frost, la tierra congelada que le da estructura a la meseta, se reduce por el fenómeno de la meteorología. Se realizan trabajos de contención con pircas y palets encadenados, los que requieren una labor permanente en las campañas antárticas de verano, hasta ahora, con éxito.
Texto: Ricardo Capdevila, curador del Museo Antártico Argentino (y compañero de refugio durante nuestra estadía).

La meseta, de 13 m de altura, año a año debe contenerse con pircas y palets encadenados para evitar que se desmorone por efectos del cambio climático.
Hoy estamos aislados, como lo estamos desde que llegamos al refugio. Si no hubiera sido por la “ventana meteorológica” del jueves aún estaríamos en Marambio o en Río Gallegos. Pero el clima cambió seis horas, lo suficiente para llegar. Y ahora es Cerro Nevado quien nos alberga hasta que la tormenta calme. Por cuestiones de seguridad, los helicópteros de Marambio no operan con vientos superiores a los 36 km/h, y al momento de actualizar este blog están soplando ráfagas de 60 km/h (sensación térmica: -19 ºC), sin pronóstico de mejora. Víveres hay, y buena predisposición y humor también, aun entre quienes nos acompañan y hace más de 15 meses que están en la Antártida sin ver a sus familiares e hijos.

El viento próximo a los 60 km/h impulsa con intensidad la nieve caída durante la noche (y la que continúa cayendo), reduciendo la visibilidad. Hoy es imposible salir del refugio. De las seis jornadas que llevamos es la peor.
Feb
26
Psicología de la convivencia
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El día de ayer se mantuvo ventoso y frío por lo que aprovechamos para realizar una producción fotográfica en el interior del refugio y aprender algo más acerca de la convivencia antártica. Nordenskjöld manifiesta en su libro Viaje al Polo Sur: “Para que una vida tan aislada del mundo como la nuestra sea algo llevadera, se exige imprescindiblemente que la unión entre los compañeros sea tan cordial como lo era la nuestra. Los intereses comunes que perseguíamos eran en este sentido los que más nos alentaban, y hasta en nuestros más sencillos pasatiempos presidía la más perfecta concordancia.”

Como el clima no acompañó para los recorridos previstos por la isla, la tarde de ayer la aprovechamos para hacer una producción fotográfica en el interior del museo-refugio. La imagen corresponde a una de las paredes de la sala de uso común.
La mala meteorología nos llevó a vivir la experiencia de compartir casi 100 horas corridas encerrados entre cuatro paredes de 2×4 m con gente que antes no conocíamos. Sin embargo, la buena predisposición de los compañeros que nos tocaron en suerte, su humor, afecto, tolerancia, respeto y voluntad nos hicieron sentir como que los conocíamos de toda la vida. Y eso es importantísimo en un lugar donde la gente viene para invernar cerca de 12 meses. Si eso falla, la convivencia se torna imposible. Entre los integrantes de la comisión de la Dirección Nacional del Antártico que todos los años llega a Cerro Nevado no hay órdenes. Cada uno sabe tácitamente qué debe hacer y cuándo lo debe hacer, y lo cumple a rajatabla para no quebrantar la armonía. Está quien se encarga del depósito de víveres, del tablero eléctrico, del grupo electrógeno, de las comunicaciones por radio, de reparar tal o cual cosa, etc. Responsabilidades que cada uno alterna con el barrido del piso, el lavado de platos y de la ropa, y el mantenimiento de las necesidades básicas del día a día. Siempre con voluntad, alegría y buena alimentación: claves para que nadie padezca una “fractura expuesta de alma”, como le dicen por acá al mal que aqueja a quien se quiebra anímicamente.

El respeto, el humor y la buena predisposición son normas fundamentales para la convivencia antártica. Otro elemento básico es la buena comida: debe ser sabrosa y elaborada con pasión.
Estábamos de sobremesa en el almuerzo de ayer cuando escuchamos el ruido de un helicóptero. Afuera nevaba y desde Marambio nos habían alertado por radio que sus naves no operarían por lo menos hasta hoy. Por la ventana vimos pasar una silueta verde y blanca, que efectivamente resultó ser un helicóptero del Endurance, un barco polar de la armada inglesa, que aterrizó en la misma playa donde la habíamos hecho nosotros unos días atrás. De él descendieron tres personas que vinieron hasta el refugio para avisarnos que instalarían un par de carpas durante tres días: eran geólogos ingleses que llegaron a Cerro Nevado para recoger muestras de fósiles.

Del helicóptero Sea Link de la Royal Navy descendieron tres geólogos que armaron sus carpas muy cerca del refugio donde estamos instalados.

16:30 hs de ayer: nevaba, las ráfagas de viento llegaban a los 42 km/h y la sensación térmica promedio era de –17 ºC. Sobre el borde del techo del refugio se formaban estalactitas de hielo.

Marcelo Ferro caminando hacia la carpa para efectuar la transmisión de datos y fotos al blog. El espacio en el interior del refugio es reducido, y cuando llegan visitas –como los ingleses de ayer– no queda demasiado lugar para instalar la notebook, bajar fotos, procesarlas con la resolución adecuada para la web, escribir y conectar los cables.

El equipo satelital Bgan provisto por Tesacom se conecta a la notebook mediante un cable de red. Una vez encendidos ambos aparatos hay que orientar la antena tres grados al este y variarle el plano de tierra para lograr una óptima transmisión-recepción. Un display digital indica la intensidad de la señal, que para una buena comunicación no puede ser menor a 50 db de ganancia.
En cuanto al día de hoy, el clima va de mal en peor. Seguimos aislados en el refugio: la ventisca baja se transformó en ventisca alta (68 km/h), reduciendo aún más la visibilidad. Es imposible trasladarse sin antiparras y buen abrigo (sensación térmica entre -17 y -25 ºC). Los helicópteros continúan inoperables y nuestras caminatas previstas por la isla siguen siendo una aspiración de deseo. ¡La naturaleza manda! En el interior del refugio, en cambio, la temperatura llega a los 13/17 ºC durante el día y roza los 2 ºC en horas de la madrugada. Dormimos vestidos con remera y pantalón térmicos en bolsa de dormir. A Juan Fernández le corresponde la cama de Bodman, el médico, y a mi la de Ekelöf, el cocinero, miembros de la expedición sueca de 1902-1903.

El clima no da tregua. La nieve y el viento se filtran por la puerta de entrada al botero (hall de doble puerta que comunica el exterior de la casa con la sala de uso común) y colaboran en el enfriamiento del ambiente.
Feb
25
“Baño” antártico (en carpa, con -13 ºC)
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Ayer fue día de baño en la cabaña. Todos, excepto Juan y yo, se bañaron en la carpa trapezoidal montada para tal fin (ver día 24). El procedimiento es calentar agua en una cacerola, mojarse el cuerpo, enjabonarse y enjuagarse con un tacho dentro de una palangana. Mi última ducha fue el día 22 en la base aérea de Río Gallegos, por lo que el turno me llegará el próximo jueves, ya que los baños están programados una vez por semana, en general, los sábados. Juan Fernández, por lo pronto, no tiene pensado bañarse, ya que está estudiando la generación de olores y de la transpiración en climas fríos, abrigado mediante el sistema de tres capas respirables de indumentaria.

Turno de ducha de “Pepe” Ageitos en la carpa piramidal. A la derecha se pueden observar la cacerola sobre el calentador y la estufa.
El resto de la jornada transcurrió con una caminata por la playa de la isla. Las nubes tocaban los témpanos y el consejo fue: “No se alejen demasiado, el clima está raro y en cualquier momento el viento puede aumentar en intensidad”. La interpretación de fauna a cargo de José María Ageitos fue la opción más adecuada: conocimos fósiles, skúas, medusas (aguas vivas) de gran tamaño, Euphausia superba (krill) y una madre gaviota (Larus dominicanus) cuidando de sus crías mientras se alimentaban. Al regreso también observamos desde lejos el Mirador de los Suecos, a cuya parte superior pretendemos llegar en estos días.

El skúa es una de las aves que más abunda en la isla y la zona antártica, en general. Pingüinos y focas aún no pudimos ver: esta región es pobre en fauna, pero rica en fósiles del período terciario (30 a 40 millones de años) y cretácico superior (70 millones de años). Los que más abundan son moluscos gasterópodos, pelicípodos y cefalópodos, dentro de los cuales el más común es el amonite.

Las aguas vivas son frecuentes en esta zona. Se alimentan de zooplancton y pueden medir 1,60 m de diámetro.

Amonites: antepasados del calamar, que datan de 70 millones de años.

Mirador de los Suecos: en el verano de 1902-1903 los miembros de la expedición de Nordenskjöld subían a diario para ver si el Antarctic llegaba a rescatarlos. Desde el refugio se ubica a una hora de caminata y a 200 m de altura.

Regreso al refugio luego de la caminata de interpretación de fauna por la playa.
Hoy, al momento de actualizar este blog, el cielo sigue cubierto, está nevando, la temperatura es de –3 ºC, la sensación térmica promedio de –15 ºC y las ráfagas de viento llegan a los 32 km/h. Para el almuerzo los cocineros voluntarios están dirimiendo entre ñoquis con estofado y guiso de lentejas, ideales para un domingo en el que no se puede salir del refugio de 6×4 m, los helicópteros no operan, la meteorología manda y al hombre no le queda más remedio que obedecerla.

11:00 hs.: como afuera el clima no da tregua, los siete integrantes del refugio estamos reunidos en el salón de uso común (de 2×4 m). Mientras conversamos, de la cocina emergen los primeros olores a salsa casera.
Feb
24
Testeo de equipos en la nieve
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Anoche Juan Fernández vivió su primera experiencia en carpa. Después de cenar el en refugio, a las 23:40 se introdujo en el modelo Apollo II, de Montagne, que unas horas antes habíamos armado sobre una meseta con algo de nieve, ubicada a unos 150 m de la cabaña. Bolsa de dormir Montagne Zaigón (temperatura de confort –3 ºC) y un aislante fue todo su equipamiento. En cuando a indumentaria, durmió con pantalón de polar, medias de Thermolite, remera térmica y gorro de polar. Un anemómetro Kestrel 4000 monitoreó toda la noche la temperatura en el interior de la carpa: 0,1 ºC fue la mínima registrada a las 4:00 de la madrugada, mientras que afuera nevó.

Juan Fernández acomodando las últimas piezas de su equipo antes de introducirse en la carpa que testeó. Previo a apagar el calentador y el farol Kovea, durante la tarde comprobó la autonomía de cada uno de ellos: el calentador consume 120 g de gas por hora, mientras que el farol apenas 50. En otras palabras, con una garrafa convencional de 240 g el calentador rinde dos horas y el farol un poco más de cuatro.

Con un equipo Kestrel 4000 registramos los cambios meteorológicos durante las 24 horas. Para protegerlo del agua y la nieve, al igual que el gps, el handie y la notebook, utilizamos bolsas Aquapac (foto), completamente estancas y que permiten sumergirlos hasta los cinco metros de profundidad.
8:00 hs.: en la casa, mate y galletitas por medio, hablábamos de emprender una caminata hasta el refugio Betbeder (de la marina argentina), que está abandonado y se ubica del otro lado de la isla, a unos seis kilómetros. También, de subir al Mirador de los Suecos, un punto panorámico al que los expedicionarios de 1902 ascendían a diario para ver si el Antarctic regresaba a rescatarlos. Por lo pronto, son sólo proyectos porque la meteorología no acompaña: cae nieve débil intermitente y la sensación térmica al momento de actualizar este blog es de –17 ºC.

Vista panorámica del emplazamiento del refugio: la primera carpa a la izquierda es el baño (un hoyo cavado en la tierra que dispone de un cajón a modo de asiento de inodoro). La otra carpa es la ducha (en realidad, una palangana con agua caliente que sirve tanto para lavarse como para enjuagarse). Arriba: la cabaña de Cerro Nevado utilizada por los expedicionarios de 1902. Y por debajo, el antiguo baño reconstruido a nuevo y convertido en depósito de víveres. Para tener una idea de las relaciones de medida, a la derecha se lo ve caminar al Dr. Ricardo Capdevila, jefe del proyecto de restauración del refugio.

Mañana de mate en la sala de uso común de la vivienda. Juan Fernández junto a Alejandro Gómez, Ricardo Capdevila y Alejandro Crivero.

El estrecho Bouchard visto desde la ventana del salón principal del refugio. Enfrente se pueden observar algunos témpanos y la isla Ross.
Feb
23
“Bienvenidos a Cerro Nevado”
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El helicóptero aterrizó a las 16:25 de ayer. Sobre la playa de la isla nos esperaban Alejandro Chuchú Crivero, José María Pepe Ageitos, Luis Alejandro Chuky Gómez y Antonio Chiqui Pereira. Su cálido “bienvenidos a Cerro Nevado” caló profundo en nuestros sentimientos: hacía dos años que veníamos leyendo, recopilando información y viendo fotos en blanco y negro de la expedición de Nordenskjöld. Lo místico llegaba a su fin: el famoso refugio tantas veces observado en los libros era ya una realidad palpable. Estábamos ahí.

El helicóptero de la Fuerza Aérea Argentina se posó sobre la isla de Cerro Nevado a las 16:25 de ayer. Llegamos: la mística de los libros daba paso a la realidad. El tiempo se presentaba agradable, con cielo semicubierto. Eran las 22 horas cuando el sol se esfumó en el horizonte.
Crivero, Ageitos, Gómez y Pereira son los integrantes del programa MuseoAntar que, al mando del Dr. Ricardo Capdevila, año a año se encargan de la restauración y el mantenimiento del refugio, en realidad, museo, Monumento Internacional Nº 38 y Monumento Histórico Nacional por decreto del Poder Ejecutivo Nacional Nº 6.058 del año 1965. Este refugio, habitado por las seis primeras personas que invernaron en la Antártida -entre ellos el argentino José María Sobral-, estuvo abandonado desde noviembre de 1903 (fecha en que la expedición fue rescatada por la corbeta Uruguay) hasta la campaña de verano 1979-1980 de la Dirección Nacional del Antártico, en que comenzó su restauración.

En 1902-1903 fueron Nordenskjöld, Sobral, Bodman, Jonassen, Akerlund y Ekelöf quienes habitaron el refugio (ver 5 de febrero). Hoy son Pereira, Capdevila, Ageitos (adelante, de izquierda a derecha), Gómez y Crivero (atrás) quienes se encargan año tras año de conservar este Monumento Internacional Nº 38.
13:00 hs.: Alejandro Crivero recoge agua de los chorillos de deshielo, que posteriormente se utilizará para mate, sopa, té, café, etc. El agua se bebe tal como la provee la naturaleza, sin ningún tipo de purificación ni aditivos. Adentro del refugio, mientras tanto, Chuky Gómez repara el filtro de aire del grupo electrógeno y Chiqui Pereira cocina empanadas caseras que formarán parte del almuerzo que ayudará a matizar parte de esta desapacible jornada climática: el cielo se presenta completamente nublado, con lloviznas y nubes tan bajas que los helicópteros de Marambio no se encuentran operando. Suerte que ayer se produjo la “ventana meteorológica” que nos permitió volar hasta la isla.

Chuchú Crivero recoge el agua de deshielo. El cielo se presenta nublado, con viento del este y una sensación térmica de –8 ºC. Las expectativas de que hoy componga son escasas.

Chuky Gómez efectuándole un mantenimiento preventivo al grupo electrógeno que alimenta la batería que le provee energía al equipo de comunicaciones y, mediante un conversor 12-220 volts, permite recargar las baterías de nuestras cámaras, laptop y teléfono satelital.

Pepe Ageitos, el autodenominado “cocinero del grupo”, friendo las empanadas de masa casera y carne picada a cuchillo elaboradas por Chiqui Pereira.
Feb
22
Llegamos a Marambio
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A las 7:40 el voluntario Paredes nos golpeó la puerta de la habitación 112 del casino de suboficiales, en la base de la X Brigada Aérea de Río Gallegos. “Tienen media hora para vestirse, bajar el equipaje, cargarlo en la camioneta y desayunar. Despega el Hércules.” Su anuncio fue lacónico y bastó para que la adrenalina se disparara. Era el momento más esperado, y se suponía que iba a llegar esta noche, no 16 horas antes.

8:45 hs.: embarcando en la pista de la X Brigada Aérea de Río Gallegos.
La fecha en que se conmemora el día de la Antártida Argentina evidentemente nos había traído suerte: una hora y diez minutos después ya estábamos en el aire intentando el cruce hacia el continente blanco. El avión aterrizó en la pista de barro de la isla a las 12:25, la nieve acumulada era escasa y la sensación térmica apenas tocaba los –3 ºC. Los festejos al descender del avión fueron múltiples: gente que se reencuentra, otra ansiosa por subir al Hércules para regresar al continente, bautismos antárticos, pasajeros que son transportados en helicóptero hacia el rompehielos Alte. Irízar. Y nosotros… esperando que “el correntino” Marco Ríos, encargado del depósito polar II, dispusiera de un helicóptero que nos transportara a Cerro Nevado, lo que ocurrió alrededor de las cuatro y media, cuando el movimiento extremo de personas y equipos había disminuido. El vuelo duró 12 minutos, porque desde la base aérea hasta el refugio de Cerro Nevado hay sólo 26 km. Veintiséis kilómetros de paisajes inolvidables que a continuación intentamos transmitir…

Vista de la península antártica desde la ventanilla del Hércules.

Marcelo Ferro y Juan Fernández, recién llegados a Marambio, a las 12:30 hs.

Cartel de distancias a distintos puntos del mundo desde la base Marambio.

Bautismo de nieve en la Antártida al personal que inicia su campaña y se queda hasta el año próximo.

Traslado de pasajeros desde la base Marambio hacia el rompehielos Alte. Irízar.

En el helicóptero, viajando hacia la isla Cerro Nevado (al fondo se ve el refugio).

Vista lateral de la isla Cerro Nevado, aproximándonos al refugio de Nordenskjöld y Sobral.

El refugio, tomado desde la ventanilla del helicóptero que nos transportaba. En él nos hospedaremos hasta la semana próxima para rememorar la epopeya sueco-argentina de 1902-1903.
Feb
21
Briefing de meteorología
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A las 12 del mediodía se efectuó una reunión entre la tripulación del Hércules y el pronosticador de la base, teniente primero Ricardo Valenti. Estas reuniones –llamadas técnicamente briefing – se efectúan cada tres horas para evaluar las posibilidades de hallar una “ventana climática” que permita partir hacia Marambio. Técnicamente, el Hércules debe aterrizar y despegar de Marambio en condiciones de luz diurna, que para esta fecha se estima entre las 4:20 de la madrugada y las 10 de la noche.
Cuando esta “ventana” se detecta, preparar el avión para partir demora una hora y media, minutos que los pasajeros tenemos (por lo general, de noche) para poner a punto nuestro equipaje. El tiempo de vuelo, según las condiciones meteorológicas, demora entre tres y tres horas y media, y la distancia a cubrir es de 1.540 km a una altura promedio de 6.000 m. Para aterrizar en la pista de tierra de 1.200 m de longitud por 30 m de ancho no puede haber nubes por debajo de los 326 m, la visibilidad mínima debe alcanzar los 1.500 m y el piso debe estar despejado de nieve (máximo cinco centímetros). Arribado a Marambio, el avión no puede permanecer más de tres horas, circunstancia que depende de la sensación térmica (y que sólo es posible si la nave enciende de manera alternada cada uno de sus cuatro motores para mantenerlos calefaccionados).

Briefing de las 12 pm: el pronosticador, primer teniente Ricardo Valenti, de la X Brigada Aérea, explica por qué no hay condiciones meteorológicas para volar hacia la Antártida.
El resultado del briefing fue poco alentador: hasta mañana a la noche no hay expectativas de poder despegar hacia el sexto continente: “Las condiciones de Marambio exceden los modelos matemáticos previstos en meteorología –manifestó el teniente primero Ricardo Valenti–; de todos modos, a las cinco de la tarde volveremos a chequear las fotos satelitales porque los pronósticos antárticos son muy cambiantes. A modo comparativo, un día en Marambio es equivalente a tres días de pronóstico extendido en Buenos Aires”. Conclusión: por el momento sólo nos resta dejar transcurrir el tiempo, y el consejo que más se propaga es: “Paciencia, muchachos, más vale esperar en el continente para ir hacia la Antártida, y no en la Antártida para regresar a Río Gallegos”.

La tripulación del Hércules C-130, matrícula TC-66, que nos cruzará a la Antártida. De izquierda a derecha: mayor Juan Alzugaray, navegador; mayor Alvaro Daniele, navegador; capitán Enrique Donadío, primer piloto; teniente Alfredo Comba, copiloto; primer teniente Franco Paglione, copiloto; y vicecomodoro Eduardo Maroni, comandante antártico.

En la base de Río Gallegos: Marcelo Ferro junto a Ricardo Capdevila, el historiador antártico que nos acompañará en el refugio de Cerro Nevado, adecuando la agenda de acuerdo con los nuevos imprevistos.
Feb
20
Comenzó la verdadera expedición on-line
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La hora llegó antes de lo previsto. El vuelo partiría hoy a las 15, pero ayer nos informaron que el horario se adelantaba para las 10 de la mañana, por lo que empezamos a transmitir temprano (8:30) desde la base aérea El Palomar, lugar donde nos encontramos en este momento cargando nuestros equipajes en el avión Hércules que nos transportará en primera instancia hasta Río Gallegos, Santa Cruz.
La intención es, finalizado este día, actualizar el blog con fotos y una síntesis de lo ocurrido, por lo que estimamos que quienes ingresen esta noche a la página hallarán todas las novedades de la jornada transmitidas mediante el teléfono satelital que forma parte de nuestro equipo.
8:00 hs./Base Aérea Palomar:

Marcelo Ferro y Juan Fernández cargando su equipaje en el Hércules C-130 que los transportará a Río Gallegos.
12:00 hs./En vuelo:

Vista del interior del Hércules. Junto a Ferro y Fernández viajaron científicos, documentalistas, cineastas y personal militar que efectuará el relevo de las bases permanentes que la Argentina posee en el continente antártico.
La cabina

El Hércules C-130 es piloteado por once tripulantes: dos comandantes, dos copilotos, dos navegadores (foto), dos ingenieros de vuelo y tres especialistas en carga y pasajeros. También viajan técnicos especializados en diferentes áreas. En total, 11 tripulantes conforman la dotación de a bordo.
Marcelo Ferro y Juan Fernández momentos antes de aterrizar en la base de Río Gallegos. 
El vuelo desde Buenos Aires tiene una duración promedio de cuatro horas y media. El arribo se produjo a las 14:45, con ráfagas de viento en superficie que llegaban a los 35 km/h, y una sensación térmica 15,8 ºC. Las coordenadas de la base son S 51º36,027’ y W 69º 19,234’. Según nos informaron, las condiciones meteorológicas en la base Marambio no son buenas, por lo que debemos permanecer en Río Gallegos hasta que mejoren, lo que se estima no será antes de mañana a la noche.
Feb
15
A través de una nota (foto) fechada el 14 de febrero y dirigida al director de la revista Weekend, José Luis Aldorisio, la Embajada de Suecia en Buenos Aires declaró de interés la expedición que Marcelo Ferro (redactor especial) y Juan Fernández (especialista en supervivencia) realizarán a la Antártida para relevar la ruta del explorador sueco Otto Nordenskjöld. El hecho, además de incrementar el estímulo de los periodistas integrantes de esta aventura, sin duda enorgullece a Editorial Perfil, en general, y a revista Weekend, en particular.

A tres días de la partida, además de contar con el privilegio de que la expedición haya sido declarada de interés por la Embajada de Suecia, Marcelo Ferro y Juan Fernández concurrieron al Comando Antártico de Ejército, donde fueron recibidos por el teniente coronel Fernando Isla, jefe de la División Educación del Departamento Escuela. El encuentro tuvo por finalidad asesorarlos acerca de los peligros que representa la Antártida y enseñarles a hacer frente a las situaciones más frecuentes que se pueden presentar. “Toda actividad en la Antártida es peligrosa -sentenció Isla-, no por la actividad en sí misma, sino por los riesgos implícitos de la geografía, donde la meteorología puede cambiar de un momento a otro, y ante el mínimo accidente la evacuación difícilmente sea inmediata.”
Sus consejos giraron en torno a la prudencia, al marchar en grupo de a dos o más, al salir siempre con una mochila equipada con carpa, bolsa de dormir, un calentador, un handie y un mínimo de alimentos. Y, entre otras prioridades, a dejar bien en claro el destino y la hora estimada de regreso. El minicurso fue dictado exclusivamente para los integrantes de Weekend, previa solicitud de la Dirección Nacional del Antártico.

El teniente coronel Fernando Isla, del Comando Antártico de Ejército, durante la charla de capacitación a los periodistas de Weekend.