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Mendoza, tierra del sol y del buen vino, también es escenario de la aventura. Desafiante, su geografía es un test permanente de todo aquello –sea persona, indumentaria o cualquier clase de equipamiento– que ingrese en sus dominios de montañas, climas extremos, arenales y ríos que bajan caudalosos desde las alturas, y que dan forma a paisajes difíciles de quitar de las retinas. Y es por ese carácter de “probador exigente” que la firma Naval Motor eligió la región de Malargüe y el valle de Las Leñas para organizar el Andes Polaris Trophy, una travesía para poner a prueba los modelos de cuatriciclos Ranger y Razor, los más novedosos de la línea Polaris ingresados al país, y que llamara la atención de avezados pilotos extranjeros que llegaron de Estados Unidos y Francia, quienes al final de la prueba coincidieron en calificar la travesía como una de las más difíciles y entretenidas por las características del terreno donde se desarrolló.
En total fueron 12 quads los participantes, conducidos también por representantes de la marca llegados desde Tandil, Córdoba, Mendoza y Buenos Aires. La aventura comenzó en Malargüe, bien temprano y con la asistencia de varios hombres de Gendarmería que oficiaron de guías en la cordillera. La marcha transcurría tranquila cuando se rodaba por caminos y senderos de tierra y ripio, pero cuando estos desaparecían las máquinas entraban a hacer su trabajo entre rocas, ríos, vados y pozos, obstáculos que se sortearon sin más trámites que una marcha atenta en la que resultaba fundamental el juego del acelerador y los cambios de posición de los pilotos sobre los asientos.
En horas del mediodía se llegó a Los Molles, desde donde, inmediatamente, se puso rumbo a la laguna de la Niña Encantada y el Pozo de las Animas. Avanzando por terrenos cada vez a mayor altura, pedregosos y también de suelo blando, los Rangers y Razors no mostraron flaqueza alguna. Ambos modelos poseen cajas de velocidad de marcha directa (es decir alta, baja, neutro y reversa), lo cual no representa ninguna diferencia con las cajas manuales al momento de exigir la máquina, y que además permite conducir con las manos sobre el manubrio en todo momento y con la mente del piloto puesta sólo en el camino.
Quads en la frontera
Después la columna se dirigió a la laguna de Valle Hermoso, manejando, como en casi toda la travesía, en baja debido a las marcadas diferencias de nivel de la geografía. Ya con las últimas luces del día se retornó a Los Molles, para cenar y descansar de cara a lo que se vendría en la mañana siguiente: alcanzar el paso de Las Damas, uno de los tantos hitos entre la Argentina y Chile.
Varias horas de marcha fueron necesarias para llegar ya que el derrotero se presentó más complicado que el día anterior, aunque las vistas resultaban impagables: los cerros multicolores, con paredes de rocas desnudas y laderas tapizadas por vegetación de poca altura, y los valles amplios en los que cientos de vacas, caballos y chivos pastoreaban tranquilos en lo que se conoce como veraneada (época que va de noviembre a febrero en la que los puesteros aprovechan para sus animales los pastos de la zona y el buen clima), imprimían belleza al paisaje realzada con el azul intensísimo del cielo libre de nubes.
Alrededor del hito, los pilotos no dejaban de sacar fotos: dominando el paisaje desde lo alto y en medio de nieves eternas, los extranjeros se maravillaban con las postales. Sus comentarios de asombro bien permitían adivinar que aquí la belleza es distinta, única, irrepetible. Al mediodía el grupo comenzó el descenso con la lentitud del caso hasta sobrepasar una mina de cobre explotada por una empresa china para degustar un asado en ese mundo de silencios y colores, de aislamiento encantador que sólo la montaña puede dar. Luego, el regreso a Los Molles para descansar y efectuar una revisión de los cuatris, que no mostraron la mínima señal de desgaste, ni siquiera los neumáticos, sometidos a exigencias terribles entre tanta piedra y espina.
Las alturas de Las Leñas
La última jornada llevó a los participantes hasta la cumbre de Las Leñas, la mayor altura alcanzada de la travesía, a 3.400 m.s.n.m., que sometieron a sus máquinas a exigencias terribles: rocas, suelos blandos y pozos, trepadas y bajadas, terreno inclinado, formaban un emocionante desafío del que, uno por uno, los quads salieron airosos gracias a la pericia de sus pilotos y sus cualidades de “fierros” todo terreno. Y así, entre dificultades y glaciares colgando de los cerros, fueron llegando a la cima del centro invernal, donde Jorge “Coco” Torres, el gerente de montaña y jefe de socorristas del complejo Las Leñas, les brindó unos minutos de su atención para explicarles cómo durante el invierno se provocan intencionalmente avalanchas para descargar la montaña de nieve en sectores de circulación de esquiadores. Como quien no quiere la cosa, emprendieron el regreso lentamente tratando de grabar a fuego en la memoria lo último de estos paisajes maravillosos y las últimas alternativas del desafío técnico en la conducción. Pero antes de llegar al final Pepe Valente, titular de Naval Motor, descubrió una sabrosísima pata de jamón crudo que feteó con su cuchillo para compartir con todos los integrantes de esta salida a modo de despedida de lujo. Sin dudas, un final acorde a las circunstancias vividas.
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